marzo 25, 2009

Miguel Ventura

El proceso

Antes que nada, quisiera expresar mi agradecimiento al MUAC y a la UNAM por hacer posible esta exposición. Para nada ha sido facil realizarla y darle seguimiento. 

Quiero hablarles hoy del proceso de trabajo, negociación y recepción de Cantos Cívicos. Este proceso se ha caracterizado por una violencia y una agresión que nunca he vivido en ninguna otra exhibición de mi trabajo.  La primera en el Museo de Arte Moderno  de esta ciudad hace 30 años fue censurada a causa de los textos de los dibujos. Yo no protesté y la obra quedó censurada.

Pero esta vez, he sido atacado por negar el holocausto y ser pro nazi y pedófilo (coctelito que no deja de asombrarme).  Por cierto la siguiente frase de Avelina Lesper me gusta mucho: “Invito al público inteligente a que hagamos una instalación y denunciemos esta dictadura (de ciertos artistas y críticos), pongamos a Demian Hirst, los YBA, (?) Sierra, Orozco, etc. y a los speech makers en formol, y luego la subastamos.” Para alguien que me acusa de ser nazi, la frase parece escrita por un nazi.  

Para entender este fenómeno importa retroceder y ver cómo las instituciones y sus actitudes, en este caso el pre-muac, reflejan también ciertas actitudes de la sociedad en que vivimos. En cierta forma, las críticas a Cantos Cívicos son un eco de las críticas a la obra que tuvo la institución-el pre-muac-antes de su inauguración.  Las primeras muestras de un quiebre entre la institucion y el artista se dieron a partir de mi uso de ciertas imágenes de las secciones de sociales del periódico Reforma y de algunas imágenes sexuales muy explícitas. El año pasado, el desarrollo de la exposición fue abruptamente detenido y hasta temí que se cancelara del todo, a causa del recelo de la institución por el uso de estas imágenes como si la apropiación de imágenes de los medios informativos fuera una practica nueva entre artistas. Hubo por parte de la institución la siguiente objeción: que mi uso de estas imágenes que forman parte de la recontextualización de Cantos Cívicos en su versión mexicana, no eran parte de Cantos Cívicos como primero se presentó en España. Según eso, Cantos Cívicos debería ser una obra tan estática como un óleo de Rembrandt o una miniatura de Luis Lagarto. Pero ¿qué persona del museo vio la muestra en España (a excepción de un técnico)?  La respuesta es: nadie, porque no hubo de parte de la institución ningún interés en mandar a un curador a ver esa exposición. A mi se me hizo sumamente extraño (e interesante) que la institución no mostrara deseos de enterarse bien de qué trataba esta muestra, especialmente cuando se trataba de la pieza con la que iban a inaugurar su nuevo museo. Hasta el día de hoy sigo pensando que presentar esta obra es inconcebible en cualquier ciudad grande de Europa o de los Estados Unidos; se presentó en España y en una ciudad de provincia, pero ni la conciencia civica ni las nociones del status quo impidieron su realización.  Para continuar con mi historia, entre argumentos pueriles sobre si la recontextualización de la obra era legítima o no, la dirección del museo decidió organizar una visita del comité académico a mi estudio. En toda mi experiencia como artista nunca he vivido una experiencia así, humillante, anacrónica y caracterizada por un afán academico decimonónico –tipo saltapatrás- de llevar a intelectuales academicos respetables a un estudio para que juzgaran el trabajo de un artista. Por cierto, hasta el día de hoy no he recibido un dictamen del comité académico acerca de esa visita a mi estudio. Este recelo, más propio de colegialas de una escuela de monjas, provocó un pequeño pero significativo episodio psicótico institucional que influyó para que yo tomara ciertas decisiones museográficas como por ejemplo aislar la parte pornógrafica ofensiva en un estrecho pasillo donde supuestamente no entrarian niños. Despues de tanto teatro histérico a la Charcot, la institución se dio cuenta de que imponer una censura o presionar al artista a una auto-censura de su trabajo no conducía a nada. Tanto el curador Juan de Nieves como yo, habíamos considerado que si la institución persistía en sus intentos por modificar o cancelar la obra, el asunto debía de ser llevado a un debate internacional. Frente a esta situación, el 13 de septiembre del 2008 se me informó que el proyecto Cantos Cívicos tenía luz verde. Sin embargo, la institución aún estaba muy recelosa por el uso de estas imágenes, y al llegar a México el curador Juan de Nieves, fue recibido en un despacho de abogados para hablar de las repercusiones legales que podría tener el uso de estas imágenes. Aquí vale la pena hacer hincapié en la función del curador como negociador indispensable entre el artista y la institución, Sin esta labor negociadora de Juan de Nieves, esta exposición no se habría llevado a cabo. Despues de serias deliberaciones, se decidió que la solución sería un contrato en que el artista se hiciera responsable de las repercusiones de su trabajo. Pero ¿puede un artista hacerse responsable de todas las repercusiones de su trabajo cuando es expuesto en una institución como el MUAC? Me imagino que la dirección pensaba nada más en las repercusiones legales por demandas que pudieran surgir por el uso ‘ilegal’ de estas imágenes.  Por otro lado, se me hizo interesante que al preguntarle a la dirección si el uso de la suástica  sería razón de embarazo para la institución, la respuesta fue no, porque la suastica era cosa del pasado y no representaba ningún problema.  Lo curioso es que la suastica  ha dado de qué hablar,  y mucho, mientras que los personajes ricos de las páginas de sociales no se han quejado.  La única persona que hizo alguna mención de hablar con un rabino de esta ciudad fue Olivier Debroise pero Olivier, primero se distanció del proyecto y después murió.

¿Y por qué estoy contando todo esto ahora y no hace 4 meses cuando se inauguró la muestra? En vista de las reacciones desatadas  por Cantos Cívicos, es importante hablar de ese episodio psicótico provocado por miedo de la institución a mostrar esta pieza, ya fuera por el uso de las imágenes de prominentes ciudadanos de las páginas de sociales (que en verdad es una parte mínima de la muestra), el uso de las imágenes sexuales o la suástica, (parece que lo más molesta es la unión de dólar y suástica), porque se hizo palpable por parte de la dirección de la institución un titubeo, en cómo afrontar estas críticas desde antes de la inauguración. Por otro lado, es lamentable que hasta el día de hoy no haya habido una verdadera comunicación entre la institución y el artista. El artista se hace una presencia incómoda y la solución es simplemente no tratar con él. Para decirlo en frase vulgar, el artista viene a ser un pedo en cuarto encerrado.  La institución hace todo lo posible para protegerse de las críticas. Buen síntoma de este malestar es la cantidad de letreros que brotaron espontáneamente como hongos en el bosque, en la boca del túnel que sirve de entrada a la muestra.  En cierto momento puse yo este letrero: “El artista no está de acuerdo con las advertencias del museo”, pero desapareció y entonces volví a ponerlo, mal hecho, encima del letrero ‘oficial’ Varias semanas después desaprecieron esos rótulos.

El miedo ha sido el motor principal de muchas de las reacciones que ha provocado Cantos Cívicos en México, país que se resiste a los cambios y revisiones.  Como dice Viviana Corcuera entrevistada en la revista Hola-para aquellos que no están enterados-(pobrecitos), Viviana Corcuera es una socialité mexicana que aparece en todas las revistas de sociales de esta ciudad): “Los cambios no son necesarios para mantener la actualidad.”  Y la triste actualidad de la sociedad en este país es que no busca cambios. Quizás por eso es tan cómodo aferrarse a los cánones de lo politicamente correcto a nivel internacional sobre temas como el holocausto, el uso de ciertos símbolos y la perduración de ciertos tabués que resultan cómodos para no hablar de problemas más serios en este país como el racismo dentro de un modelo social colonial que se ha adaptado bien a las usanzas neoliberales del momento.

Por otro lado, si he querido presentar en la muestra todos estos testimonios en forma de álbumes de fotos de soldados nazis, retratos y pinturas, manuales de primaria, etc. es porque importa ver algo de los componentes de la estructura política social educativa del nazismo. Para estudiar el nazismo es preciso hacerlo visible, y esto no es exaltación, sino sólo quitarle el tabú impuesto de parte de ciertos grupos que han querido reducir el nazismo al Holocausto y apropriarse del fenomeno. Ver estos otros aspectos del nazismo no es restarle importancia al Holocausto sino entender por que sucedió. El haber incluido fotos del Holocausto en la muestra (cosa que nunca se me ocurrió porque no venía al caso) hubiera convertido a Cantos Cívicos en un “potaje” (citando a Leo Zuckerman), más grotesco de lo que es. Y en cuanto al signo de dólar y suástica, es importante llamar la atención sobre el peligro que corren nuestras tan amadas democracias y lo fácil que es caer en algún tipo de fascismo, que no será el mismo de hace 60 años, sino que tendrá nuevos símbolos y nuevos odios. Además de las incontables muertes de iraquíes, uno de los puntos culminantes de la entrada de las tropas norteamericas a Iraq hace ya 6 años en su supuesto intento de democratizar al país productor de petróleo mas importante del mundo, fue el saqueo del Museo de Arte Antiguo de Bagdad y la destrucción de la Biblioteca nacional. Imaginemos en este pais una revolución o invasion en la que se saqueara este centro cultural universitario mientras los invasores o gobernantes corruptos observan impávidos la destrucción del legado cultural del país. ¿Quienes serían los saqueadores? Masas incontrolables de la raza de bronce de la periferia de la ciudad, ejercitos de narcotraficantes y comerciantes que andan entre las ruinas buscando libros y otros objetos que puedan vender, ya no los yaquis feroces que acompañaron al general Obregón en su entrada a la Ciudad de México en 1914?  Por otro lado, uno de los fenómenos más ilustrativos ha sido el florecimiento del mercado del arte en forma de incontables ferias de arte en todo el mundo desde que fueron derribadas las torres gemelas y la guerra anti- terrorista emprendida por los norteamericanos. Preguntémonos, ¿qué relación tiene el mundo del arte con la industria de armamentos y guerra en nuestra sociedad?  El mundo del arte y la industria de guerra son corrientes paralelas que han ido nutriendose mutuamente 

Los cambios sociales y políticos sí tienen que darse empezando por las instituciones culturales como el MUAC. Desde el momento que supe que iba a exponer esta pieza en el Muac sentí una libertad enorme de poder hacer lo que quería, porque se trataba de hacerlo en la UNAM, y mi proyecto no tenía cabida en ninguna galería comercial ni aquí ni fuera de México. Y por eso es importante hablar de lo que estoy hablando y hacer transparente un proceso largo y nada facil. Las reacciones hacia una obra como Cantos Cívicos empezaron a darse desde la institución mucho antes de la inauguración, y esa reacción ha afectado la recepción de la muestra por parte del público. La institución se ha mostrado insegura y titubeante, y lamento que no se haya dado un diálogo entre el museo y yo para enfrentar juntos estas reacciones. ¿Será que el museo cree, según los canónes modernistas, que puede seguir siendo un receptáculo neutro y puro para expresiones debidamente neutras y puras en una sociedad que en este momento está en medio de una auténtica guerra civil?   

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