septiembre 28, 2009

CANTOS CÍVICOS: LA TRAMPA. Manuel Hernández




I. La trampa

En la portada, dos niños. Parecen tomarse de las manos para girar al ritmo de una canción festiva o infantil. El catálogo de Cantos cívicos es una metonimia de la pieza que muestra, sin revelarlo, aquello a lo que ella apunta. Al menos en parte.

Las suásticas y el signo de dólares en continuidad, y las ratas blancas, juguetonas, los acompañan.

Cuando la UNAM le dio cabida a Cantos cívicos en el MuAC[1], aceptó ser cuestionada. No sólo en el sentido en que la discusión se ha desarrollado, sino en uno mucho más preciso y directamente relacionado con ella: el lema emblemático del alma mater fue forjado por José Vasconcelos, filonazi declarado; la presencia de la raza en dicho lema, y el nacionalismo al que remite, no pueden pasar ya desapercibidos.

José Vasconcelos tuvo a su cargo la rectoría de la Universidad y la secretaría de Educación Pública, nada menos. Por eso la Universidad, una vez más, ha dado muestras de no tener sesgos totalitarios, en la medida en que hace posible que se la interrogue donde más puede cortar el filo de las preguntas que le plantea Cantos cívicos.

La pieza de Miguel Ventura sitúa explícitamente como un “retorno de lo reprimido” a  los textos publicados por Vasconcelos en Timón, ya sea como editor, ya como autor. Esa filiación ahora casi por completo silenciada del prócer, retorna y se muestra. Cualquier inocencia que el público tuviera al respecto sería retirada por esos documentos, claro, siempre y cuando los leyera. Pero en ninguna de las ocasiones en que recorrí la pieza eso sucedía, la gente pasaba de largo o los pisaba sin leer.

La pregunta que ha organizado este texto no es tanto ¿qué significa “Cantos cívicos”?, ni ¿qué representa?, sino ¿qué hace la pieza? Esa capacidad de acción requiere, a su vez, de la activación de la obra, algo que en parte queda bajo la responsabilidad del visitante del MuAC.

Perder la inocencia sin saberlo, como puede ocurrirle a un niño o niña que sufre un abuso sexual de un adulto, podría ser una fórmula para situar lo que sucede con esa ratonera que esCantos cívicos. Su truculencia está ahí: en configurar un dispositivo erótico que pone en acción múltiples los recursos para corromper la supuesta inocencia de quienes la visitan, niños o no.Cantos cívicos indica que, para los poderes fácticos y legítimos, un campo de batalla actual son los niños y niñas.[2]

Cantos cívicos pone en cuestión la noción misma de pedagogía, παιδαγωγός, es decir lo que de manipulación y perversidad hay en “conducir a los niños”. No se trata sólo de los menores de edad, sino de quienes se dejan conducir como niños en la sociedad de consumo a través del espectáculo, del que la industria cultural no es una excepción.

 

Dispositivo, experiencia, práctica

Un dispositivo erótico, eso es Cantos cívicos. Quien entra a la pieza, penetra a una rata por la cola.


Planta de la instalación.


Revancha lúdica del “Hombre de las ratas”, Cantos cívicos va más allá y trata de múltiples formas de penetración. Lo sorprendente es que no sea fácil detectarlo. Si desde la entrada es así, luego la proliferación de imágenes y objetos impacta al ojo y lo abruma con miles de estímulos. Quedar expuesto a ellos ha sido demasiado violento para algunos y han detestado la pieza; lo visual ganó la partida y… partieron.

La pieza presenta tal cantidad de elementos, y es tan poco transparente, que se presta a mil equívocos. No comunica nada claro. Tal vez por eso ha dado tanto de qué hablar.

Existe lenguaje entre los animales, eso ya no está en duda. Para explorar el terreno, las abejas cuentan con elementos de la colmena que localizan los puntos en donde hay alimento. Luego éstas comunican a las obreras en dónde se encuentra a través de una serie de movimientos perfectamente codificados que comunican con precisión la distancia y la dirección en que está el alimento, la naturaleza del mismo, así como la cantidad.[3] Las obreras entonces salen a la búsqueda del sustento y pueden encontrar su objetivo a gran distancia de la colmena. En cambio, lo que caracteriza al lenguaje humano es la ambigüedad, los equívocos. La polisemia de cada palabra genera la erupción de significados y de resonancias que le da su riqueza a la poesía, al chiste y a la vida. Sin embargo, ése terreno resbaladizo parece haber provocado repulsión. Se pide a la pieza que sea objetiva en tanto relato histórico, olvidando que no es ése su registro. En tanto obra de arte, no puede esperarse de Cantos cívicos que adopte el lado positivo del saber, su opción es por la producción de un saber crítico. La cuestión es analizar de qué manera lo consigue, si es que lo consigue.

¿Cuántos, entre quienes han rechazado la pieza, aceptaron la invitación implícita de ponerse en cuatro patas y recorrer el laberinto? Penetrarlo, recorrerlo, reír, ver los videos que explican el meticuloso cuidado de las ratas y su entrenamiento, y luego la filmación del artista a gatas portando traje de nazi mientras pastorea diversos animales. He ahí una pequeña experiencia propuesta al visitante que, en caso de aceptarla, deja de ser un espectador, como aquél que mira pasivo la televisión y colabora en la sociedad del espectáculo. Recorrer el laberinto es poner el propio cuerpo en acción, aceptar el juego propuesto y jugarlo.

Al dar las condiciones para la participación de quien recorre la pieza, Cantos cívicos propone un dispositivo que hace posible una experiencia. Experiencia en el sentido de aquello que toca y transforma en algo la existencia de alguien. Ahora bien, hacer posible una experiencia no garantiza que ésta sobrevenga, ni decide su magnitud, y menos todavía su sentido. Sólo la hace posible. En este caso el dispositivo propone una experiencia que no depende del habla, aunque difícilmente se pueda situar por fuera del lenguaje.

Es una pena que quienes han rechazado Cantos cívicos no nos digan si participaron plenamente del dispositivo durante los conciertos o, si no fue así, que situaran qué parte del mismo no aceptaron u omitieron, ¿recorrer el laberinto? ¿ver a las ratas trabajando? ¿leer los carteles deTimón?. Incluso podrían decir porqué. Lo que es visible, es que Cantos cívicos ha impulsado a más de uno a dar cuenta de lo que le sucedió al recorrer la pieza. Lo decisivo está ahí. Dar cuenta de una experiencia es algo específico del psicoanálisis lacaniano, en especial en lo que toca a los psicoanalistas. Alguien deviene lacaniano no por usar la jerga de Lacan. El analista llega a estar en condiciones de sostener una posición y una práctica como efecto de una experiencia, que a su vez depende de aceptar un dispositivo.

También Cantos cívicos, propone una experiencia que depende de un dispositivo. Sin someterse a él, ¿cómo detectar sus efectos corporales? Es que la pieza exhibida en el MuAC no es ajena al cuerpo como lugar de encuentro entre la política y lo sexual. [4]

Esa dimensión erótica es seria, pues transforma a quien recorre la pieza en… rata. Este animal no tiene un valor unívoco en la obra, y no es posible aceptar que ella establezca una asimilación simple entre las ratas y los judíos, uno de los lugares comunes del antisemitismo que Art Spiegelman plasmó con un toque de camp en su novela gráfica Maus.[5] Para objetarlo, basta señalar que el primer elemento de la pieza es un video del artista caracterizado como oficial nazi cantando que paulatinamente se convierte en rata. Así, el artista, el nazi, y los visitantes de la pieza también nos convertimos en ratas. No es en tanto humanos que confluimos, sino en tanto ratas. ¿Entonces qué implica la inclusión de ratas vivas en el dispositivo?

Es posible intentar hacer una lectura de la pieza, lo que quiere decir seguir las huellas de los hilos temáticos hasta conseguir su articulación. Sin embargo, para conseguirlo, es necesario entrar en el dispositivo, no sólo como mirada, sino en tanto sujeto.

Los dispositivos tienen, pues, como componentes líneas de visibilidad, de enunciación, líneas de subjetivación, líneas de ruptura, de fisura, de fractura que se entrecruzan y se mezclan mientras unas suscitan otras a través de variaciones o hasta de mutaciones de disposición. De esta circunstancia se desprenden dos importantes consecuencias para una filosofía de los dispositivos. La primera es el repudio de los universales.[6]

Esta complejidad existe en la obra de Ventura. Y por lo tanto cuestiona los universales, por ejemplo el del humanismo que sostiene la dignidad de “todo ser humano”. ¿Es posible seguir considerando al hombre, al ser humano, como un valor seguro? ¿Lo humano no necesita interrogarse? Lyotard indicó que el humanismo “tiene incluso autoridad para suspender, prohibir la interrogación, la sospecha, el pensamiento que todo lo roe.”[7] Las preguntas, como ratas, todo roen. Pero el humanismo es duro. De ahí que sea importante no ahogar antes de tiempo las preguntas que suscita Cantos cívicos.[8]

El dispositivo erótico de la pieza ha comenzado a ser desplegado ya en su costado escatológico.[9] Jacques Lacan inventó en los años sesenta algo sorprendente con su objeto a. Se trata de un objeto que está fuera de la estética trascendental kantiana y que no es un objeto de deseo, sino el objeto causa de deseo. Multimodal, el objeto a responde a los agujeros del cuerpo; puede operar bajo la forma del seno, las heces, la mirada o la voz. No hay sujeto deseante sin la determinación que le inflinge el objeto a. Ahora bien, esos objetos suscitan un sexo sin sexuación[10], es decir, el sujeto que está afectado por el objeto a está tocado por un deseo sexual que no es, como tal, femenino ni masculino. Es deseo.

Como algo ha sido dicho ya de la presencia del objeto fecal en la pieza, parece indispensable tocar un elemento del que no se ha hablado nada hasta ahora y que, sin embargo, ocupa el primer plano.

Cantos cívicos, ése es el nombre de la obra. No se trata sólo de la música, sino de la voz. Tal es el objeto a que es insidiosamente activado en ella, específicamente por las ratas. Con un genoma muy cercano al humano[11], un grupo de ratas blancas fueron educadas para recorrer el laberinto de los tubos de plástico y recoger su alimento mezclado con chocolate, sustancia que Ventura ha utilizado antes con valor de mierda y que, aunado a uno de los videos en que un oficial nazi es obligado a tragar algo sin reposo, evoca la pulsión oral .

En un segundo momento se unió otro grupo de ratas que recibieron un tratamiento para colorearlas, y este segundo grupo fue entrenado por el primer grupo para realizar las mismas acciones. Este fenómeno grupal ¿no evoca los fenómenos de manejo de poblaciones que fueron promovidos por los nazis, tanto entre los alemanes como entre sus víctimas? De los fenómenos de masa en Alemania dan cuenta las películas de Leni Riefenstahl y la participación ciega de losJudenrat en la tarea de exterminio ha sido ya situada por Hanna Arendt.[12]

Hay dos coros, uno de niños y otro de adultos. Cuando las ratas recorren el laberinto, disparan señales que dan indicaciones de qué canciones habrá de cantar tal o cual coro. Las melodías son, por ejemplo, Die Fahne hoch (“Con la bandera en alto”), una canción interpretada por ambos coros, que era nada menos que el himno del partido nazi, o también Falangista soy y las ochenteras Life is live y No controles, de Flans.

Los efectos de la música sobre el público forman parte intrínseca de la pieza. Quienes la han repudiado, ¿presenciaron el ambiente de fiesta de los conciertos? Sentir cómo el cuerpo es llevado por la música, sorprendernos embelezados escuchando a los niños cantar con dulzura esas canciones del horror, ¿no forma parte de la pieza?

Las orejas no tienen párpados. Son el único agujero del cuerpo que no tiene ninguna barrera de protección. Esta constatación de Pascal Quignard en El odio a la música[13], permite entender que con los coros de Cantos cívicos hemos sido nuevamente penetrados. Penetrados por la música. Ante ella quedamos inermes, sin darnos cuenta nos ha violado; la escuchamos y la obedecemos. En ese sentido, los cantos de los coros dan una clave de lectura invaluable para revelar el sentido de la obra.

Si es cierto que Cantos cívicos opera desde la “esquizofrenia”,[14] se debe a la música y a la voz; el loco desespera de oír voces, voces impuestas. No tienen sentido o, si lo tienen, es enigmático, y si no lo es -si comunican claramente sus órdenes- pueden ser terribles: “mata a tu hijo, es el diablo”,  el loco les cree y se siente compelido a actuar en obediencia. La voz y la música, guardan un parentesco cercano con la alucinación pues también son una imposición. ¿Quién no ha sido torturado por algún fragmento de la canción que “se le pega” sin remedio? Llega cuando le place, nos libera cuando quiere.

Quignard hila aquello que canta, lo que suena y lo que habla.[15] En efecto, forman una misma serie persecutoria que nos subjetiva desde antes de nacer. “Sonidos antiguos nos han perseguido. Todavía no veíamos. Todavía no respirábamos, todavía no gritábamos. Ya escuchábamos”.[16]

La fascinación que produce la música permite encontrar en ella el misterio de la voz, que es a la vez objeto causa de deseo e irrupción del superyó.[17]

Cuando el analizante está en el diván, ¿qué da soporte a la presencia del analista?,  ¿es él otra cosa que la voz que emerge del campo del Otro? Es muy extraño que de todas las modalidades de objeto a, la menos estudiada por Lacan fuera la voz. En una de las pocas ocasiones en que se extendió al respecto dice:

La voz de la que se trata , es la voz en tanto que imperativa, en tanto que reclama obediencia o convicción, que ella se sitúa, no en relación a la música, sino en relación con la palabra.[18]

En contraste, respecto de la música Pascal Quignard sostiene: “escuchar, es ser tocado a distancia. El ritmo está ligado a la vibración. […] Escuchar es obedecer. Escuchar se dice en latín obaudireObaudire derivó en francés bajo la forma obéir [obedecer]. La audición, laaudientia, es una obaudientia, es una obediencia”.[19] Tal vez porque quiso deslindar a la voz de la música, a menudo, cuando la tarea de estudiar la voz parecía imponerse, Lacan la posponía.

El campo del poder no es sólo negativo, jurídico. Foucault lo dijo muy claro, advirtiéndolo a los analistas. [20]  No hay un poder, el poder es múltiple y se trata de poderes específicos cuya función primordial no es prohibir, sino “ser productores de una eficiencia, de una aptitud, productores de un producto”.[21]

En efecto, esa “tecnología del poder”,[22] nos dice Foucault, comenzó a ser estudiada por Bentham y luego por Marx, en el libro II de El Capital. Aquí ya no se trata de la disciplina individual, sino de mecanismos como la escuela, en donde la posibilidad de clasificar a los alumnos era decisiva para poder controlar a la población estudiantil.

Hay una forma de poder que encuentra los medios para controlar, dirigir, encauzar, ya no a un individuo, sino a una población, a manera de obtener de ella un producto.[23] Y la forma más inmediata de organizar al unísono a los cuerpos es alterando y coordinando sus ritmos. Por eso, antes de hablar en Cantos cívicos de la mierda como el producto del sistema, conviene hablar de la voz como lo que comanda su producción, la regularidad, la higiene debida y el destino de los desechos. Se trata de un poder que impulsa a la producción, a hacer, como muestra con claridad el síntoma obsesivo de la oblatividad o, en el terreno del amor, la idea de que sólo es amado quien ha hecho algo para merecerlo. O, en el trabajo, la idea de que no hay que “perder el tiempo”. No se trata sólo de una anatomo-política, sino de un bio-poder, pues aunque afecta a los cuerpos individuales; el régimen que decide la educación de los niños en el tratamiento y destino de los desechos es decisivo para la salud pública.

El largo proceso educativo de un ser humano comienza con el control de esfínteres, que responden al imperativo de una voz.

Las técnicas de poder implican un arreglo heterogéneo de líneas de fuerza, y desde la revolución industrial, la tecnología juega un papel decisivo en ellas; pero sobre todo hay un ritmo. En efecto, Pascal Michon sostiene que “le pouvoir est un médium rythmique” (“el poder es un médium rítmico”).[24]

El poder actúa a través del ritmo. Michon desarrolla esta tesis decisiva justamente respecto de las instituciones a las que se refiere Michel Foucault: la escuela, el hospital, el ejército y el taller. Ahí manda quienquiera que imponga la cadencia en que se hacen las cosas. Es necesario, entonces, detenerse en ese “objeto singular”[25] que es la música y el canto, en la medida en que, como la voz, ordenan, hacen obedecer. ¿Qué relación tenemos con ese objeto singular? La incorporamos, sostenía Lacan. Una voz no se asimila, se incorpora, y por eso “puede modelar nuestra vida”. [26]

La voz, entonces, es el instumento en donde se manifiesta a la vez el deseo del Otro y… el superyó.[27]

Cuando por primera vez Lacan situó con precisión la producción del objeto a, fue a través de una operación topológica que divide un cross-cap en una banda de Moebius y un residuo. Dice así:

La parte residual está aquí. La he construido para ustedes, la hago circular… Tiene su pequeño interés porque, déjenme decirles, esto es a. Se los doy como una hostia, pues ustedes se serviran de ello después. El a minúscula está hecho así.[28]

En efecto, el objeto a, y en particular la voz, penetra en el cuerpo y se incorpora. No se trata de una identificación imaginaria, sino de un pasaje afuera-adentro. Ari Volovich, comentandoCantos cívicos, nota lo siguiente: “En uno de los cuadros podemos ver a una rata extendiendouna hostia en forma de suástica ante las bocas abiertas de un oficial nazi y un puñado de niños vestidos de ropa tradicional alemana.”[29]

La coincidencia no deja de sorprender. La incorporación del objeto a bajo la forma de la hostia musical que penetra por todos los orificios del cuerpo es efectiva en Cantos cívicos.

Quignard: “El auditor del lenguaje es un interlocutor: la egoforia pone a su disposición el “yo” y la posibilidad abierta de responder en todo instante. El auditor en música no es un interlocutor. Es una presa que se abandona a la trampa.”[30]

Eso y no otra cosa es Cantos cívicos: una trampa que activa la tarea insidiosa de la propaganda que sirve al biopoder. ¿Cómo comprender los alcances de la pieza sin escuchar los conciertos?

¿Cómo no temblar ante la manipulación de la que es objeto el público que sonríe al ver a los niños cantar melodías pegajosas? ¿O poner cara de concierto dominical mientras los admiran enfundados en coloridos uniformes que evocan a las juventudes nazis?

De nuevo Quignard:

Ni interno ni externo, nadie puede distinguir claramente en lo que despliega la música lo que es subjetivo de lo que es objetivo, lo que pertenece a la audición y lo que pertenece a la producción de sonido. Una inquietud propia a toda infancia consiste en ubicar en los ruidos apasionantes y rápidamente vergonzosos del cuerpo, lo que nace de sí y lo que pertenece al otro.

Al no delimitar nada, lo sonoro ha individualizado menos las orejas de lo que las ha consagrado al agrupamiento. Eso se llama: jalar las orejas. Himnos nacionales, fanfarrias municipales, cánticos religiosos, cantos familiares identifican a los grupos, asocian a los nativos, sujetan a los sujetos.

Los obedientes.

Indelimitable e invisible, la música parece ser la voz de todos. Quizá no hay música que no sea agrupante, porque no hay música que no movilice de inmediato aliento y sangre. Alma (animación pulmonar) y corazón.[31]

Así es, el público se hace obediente a la música, a su encanto, y se agrupa en torno a ella. Por eso Adorno insistía en la pertinencia de la música de Schoenberg, porque ésta no se armonizaba con el sistema. La música después de Auschwitz no puede ser la misma, pues ella fue cómplice. La música, nos recuerda Quignard, es la única de todas las artes que colaboró en la tarea de exterminación de los judíos organizada por los alemanes.[32] Simón Laks dejó un testimonio de ello en Melodías de Auschwitz.[33]

Pascal Quignard:

Después de lo que los historiadores llaman la “Segunda Guerra mundial”, después de los campos de exterminio del III Reich, hemos entrado en un tiempo en donde las secuencias melódicas exasperan.[34]

Ante la música, la oreja no puede cerrarse, uno queda capturado por ella. “Eso fue el dolor de los deportados cuyo cuerpo se levantaba a pesar de ellos mismos. Hay que escuchar esto estremeciéndose: los cuerpos desnudos entraban en la cámara de gas con música”.[35]

Ya Platón en la República (libro III, 401 d) dice cómo “el ritmo y la armonía se introducen en lo más íntimo del alma” por lo cual “la educación descansa en la música”. En efecto, la música captura al cuerpo humano hundiendo en la obediencia a aquel que sucumbe ante la trampa de su canto, por eso el astuto Odiseo se ató al mástil. Para Quignard las Sirenas en los campos fueron Wagner, Brahms y Schubert.[36]

Para oír música, para escuchar al otro, hay que callarse. Forma de obediencia y de renuncia a la persona (per sonare), en la que cesa “mi derecho a expresarme”. Ese costado de despersonalización, esa inhumanidad, forma parte del encanto de la música, por lo cual atrae hacia sí como un anzuelo que captura las almas.

Quignard:

¿Por qué la música pudo ser “mezclada con la ejecución de millones de seres humanos”?

¿Por qué tomó una “parte más que activa”?

La música viola a los cuerpos humanos. Los pone de pie. Los ritmos musicales fascinan a los ritmos corporales. Al encontrar la música, la oreja no puede cerrarse. La música, al ser un poder, se asocia por ese hecho a todo poder.[37]

Esta ferocidad de la música comienza a explicar cómo es posible que un pueblo que ama la música más refinada, y además la crea, pudo participar sistemáticamente en las tareas de Auschwitz.

 

Propaganda y publicidad

Quien crea que la pieza de Ventura es grotesca por la aparición mil veces repetida –a la manera de Goebbels- de la suástica, puede estar cometiendo un error costoso. Esas imágenes tan conocidas y codificadas, al menos nos permiten levantar la guardia una vez que estamos adentro de la trampa. El retorno de lo reprimido se hace presente de forma transfigurada: la ficción del NILC es la parodia que lo anuncia y nos avisa del riesgo. Aquello que fue reprimido no vuelve idéntico a sí mismo, toma formas nuevas que permiten su aparición a la luz del día.

La propaganda, que tuvo una primera connotación religiosa en la propagación de la fé católica, mudó definitivamente de sentido con el uso que le dieron los regímenes totalitarios del siglo XX.[38] A partir de este momento, el término se asocia con el control de la opinión pública, principalmente a través de los medios de comunicación masivos.

Eventualmente, la propaganda se iba a vincular con las estrategias de partidos políticos y de gobiernos que ya no se pretenden totalitarios.

En las sociedades capitalistas, la publicidad comercial y la propaganda política han ido de la mano desde principios del siglo XX hasta la actualidad. Son las grandes empresas de publicidad y sus expertos quienes organizan las campañas electorales de los políticos hasta en sus más mínimos detalles.

Hay que sopesar que la meta de la propaganda es la sugestión o influencia en las masas a través de la manipulación de los símbolos y de la psicología individual[39] para, de esa manera, aumentar el apoyo (o el rechazo) a una cierta posición, antes que presentarla simplemente en sus pros y contras. ¿Alguien duda de que la información del Pentágono transmitida por CNN en la Guerra del Golfo Pérsico formaba parte de su estrategia de guerra? El objetivo de la propaganda no es decir una verdad, sino convencer a la gente: pretende inclinar la opinión general, no informarla.

Debido a esto, sus mensajes se presentan con una alta carga emocional, apelando a la afectividad, en especial a sentimientos patrióticos, y convoca los argumentos emocionales más que racionales. De ahí el gran servicio que le presta la música. Los publicistas lo saben bien al utilizar jingles: “la investigación ha mostrado que el principal impacto de una canción […] puede radicar en que corta la contraargumentación”[40]

Publicidad  y propaganda se aúnan en el uso de todos los mecanismos posibles para persuadir a alguien, o a un grupo, de que la decisión que toma es propia, cuando en realidad es efecto de la manipulación ejercida por la propaganda misma. Si la publicidad comercial busca influir las decisiones de consumo y las preferencias políticas individuales, el target (como se dice) de la propaganda es controlar al grupo social, por ejemplo ante la amenaza de una epdiemia o de una guerra. La propaganda intenta guiar a la opinión pública a través de posicionar valores alrededor de los cuales el poder busca cohesionar a la población que los adopta como propios.

En la actualidad la frontera entre ambos territorios, publicidad y propaganda, se vuelve difusa debido a que no sólo hay negocios entre las grandes empresas y partidos políticos, sino convergencia de intereses.

Nada menos que a Goebbels, el ministro de Educación y de Propaganda nazi, se le atribuye la invención de propaganda moderna, para verificarlo basta leer dichos principios:[41]

 

  1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.

 

  1. Principio del método de contagio.
    Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
  2. Principio de la transposición.
    Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. "Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan".
  3. Principio de la exageración y desfiguración.  Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
  4. Principio de la vulgarización.
    "Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar".
  5. Principio de orquestación.
    "La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas". De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad".
  6. Principio de renovación.
    Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
  7. Principio de la verosimilitud.
    Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
  8. Principio de la silenciación.
    Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
  9. Principio de la transfusión.
    Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
  10. Principio de la unanimidad.
    Llegar a convencer mucha gente que se piensa "como todo el mundo", creando una falsa impresión de unanimidad.[42]

Durante la escritura de este trabajo recibimos una sorpresa, y no pequeña. La Universidad de Málaga afirma que estos 11 puntos eran fabricación de Goebbels. Sin embargo dos de ellos, los números 5 y 6, son presentados curiosamente entre comillas. Sólo la penosa lectura de Mein Kampf reveló a quién hay que atribuirlos. Ambos están ahí deletreados con claridad.[43]

Estos  principios, un par de ellos surgidos directamente de la mano de Hitler, están en la base de cualquier campaña política y comercial de las democracias liberales y capitalistas. A partir de esta constatación y de una mínma comprensión de los mecanismos de manipulación propios de la propaganda, queda seriamente en cuestión la noción de libertad, en el sentido de indeterminación y de independencia del poder o del capital.

En comparación con lo que sucede a diario en el entorno inmediato, Miguel Ventura nos concede dos ventajas. Primero genera una ficción, el NILC, y lo avisa; y por otra una parte su producción plástica en mucho evoca o directamente presenta a la iconografía nazi, lo que de inmediato nos pone sobre aviso y puede provocar rechazo. Esas ventajas no las otorga el sistema.

Lo reprimido retorna transformado. Escuchamos a Flans y se nos mueve el cuerpo, pero no escuchamos realmente la letra, incluso si la cantamos; navegamos alegremente en una fiesta multicolor, en medio de foamis, fotos y muñequitos. Una estética contemporánea que atrae a niños y a adultos por igual. La misma estética con la que Mac Donald’s nos ha sabido atrapar; la misma estrategia de propaganda con la que George W. Bush infundió miedo a sus ciudadanos, y terror al mundo durante ocho años.

 

Impromptu: pornografía y mundo del arte

La ficción del NILC y de Gottfried Ohms permiten la creación de un espacio muy peculiar en donde se reúnen en Cantos cívicos diversas imágenes de sexo hardcore con distinguidos miembros (es el caso decirlo) del mundo del arte y de la vida social mexicana e internacional. Es el momento en que más énfasis parece haber en la relación entre la suástica y el signo de dólares.

Se trata de un recoveco de la pieza, una especie de cabina pornográfica. Las penetraciones en todas sus variedades abundan, sin faltar el fist-fucking. ¿A qué viene esta coalescencia extraña, aparentemente disparada de la estética pueril de la obra?

En la pared opuesta a esta sección se encuentran fotografías de jóvenes, semidesnudos, cuyas actitudes indican que se promueven a la manera de los chats en Internet. O bien, están ofreciendo on line sus sexoservicios. Estas dos áreas de la pieza parecen dialogar.

¿De qué manera? Para intentar responderlo hay  que considerar que hace algunos meses, Beatriz Preciado publicó un libro llamado Testo yonqui en el que sostiene la tesis siguiente:

 

La industria del sexo no es únicamente el mercado más rentable de Internet, sino que es el modelo de rentabilidad máxima del mercado cibernético en su conjunto (sólo comparable a la especulación financiera): inversión mínima, venta directa del producto en tiempo real, de forma única, produciendo la satisfacción inmediata del consumidor en y a través de la visita al portal. Cualquier otro portal de Internet se modela y se organiza con esta lógica masturbatoria de consumo pornográfico.[44]

 

También avanzará una tesis más osada todavía, “el verdadero motor del capitalismo actual es el control farmacopornográfico de la subjetividad”.[45] No abundemos en el narcotráfico, que no es tema de la pieza de Ventura, pero recordemos que para Preciado éste y la pornografía son “los dos motores ocultos del capitalismo del siglo XXI.”[46] Al menos en México no son ocultos, sólo no están reconocidos explícitamente, pues ambos gozan de total exposición.[47]Interesada en primera persona por la testosterona sintética tomada como droga dura, la farmacopornografía es para Beatriz Preciado “el lado oculto y marginal de la industria cultual contemporánea, y el paradigma de cualquier otra producción postfordista. En el capitalismoüber-material, toda forma de producción ofrece beneficios en la medida en que se acerca al modelo de producción farmacopornográfica.”[48]

Por otra parte, contra el higienismo nazi, contra aquel ideal suyo de pureza que se tradujo en una condena a la homosexualidad y que, según la tesis de Lourdes Morales, se ha prolongado en la estética minimalista y depurada que domina al mundo del arte como un lingua francainternacional,[49] el NILC presenta una estética abigarrada y sucia. Una polisexualidad que, con el fist-fucking evoca a un Foucault que consideraba indispensable innovar en la producción de placeres para que el deseo continuara existiendo.[50]

Con su deriva por sexualidades alternativas, Cantos cívicos opera un cuestionamiento a las identidades sexuales fijas y heteronormativas.

Para ponerlo en palabras de Beatriz Preciado:

Antes pensaba que sólo los que éramos como yo estábamos bien jodidos. Porque no somos ni seremos nunca ni mujercitas ni héroes de Rio Grande. Ahora sé que en realidad todos estamos bien jodidos, no seremos nunca ni mujercitas ni héroes de Rio Grande.[51]

La presencia de enormes falos erectos y de vaginas expuestas no responde sólo a un capricho personal del artista, en este punto la obra articula una crítica al biopoder que permite el mantenimiento del sistema: “la ascensión del capitalismo resulta inimaginable sin la institucionalización del dispositivo heterosexual como modo de transformación en plusvalía de los servicios sexuales, de gestación, de cuidado y de crianza realizados por las mujeres y no remunerados históricamente.”[52]

Esta es la trama que encontramos tejida cuando la pieza reúne a los representantes del biopoder -y sobre todo a los más conservadores- a ciertos artistas que se benefician del “internacionalismo” normalizador del mercado del arte, y a la pornografía hardcore. Bajo el patronato ficcional de Gottfried Ohms, que ha totalizado al mercado del arte, esa coalescencia no parece ser tan arbitraria. Al poner en continuidad a las suásticas con el signo de dólares, no se trata sólo de prestigio, sino de la solución que el mundo postmoderno hipertecnológico da a la crisis producida por la caída de los metarrelatos: el dinero.

A través del dinero se obtienen cuotas de poder, y el poder establece los criterios de verdad y de legitimidad que, a su vez, generan dinero.[53]

 

 

II. Despliegues

 

En su diván, el psicoanalista recibe ante todo a un ser hablante; no antepone a ello ninguna suerte de identidad cultural, política, étnica, religiosa o psicopatológica.

De la misma manera, el analista se abstiene de cualquier juicio moral respecto de aquel que le habla y de lo que le dice. Si no fuera así, ¿cómo daría condiciones para la articulación y la puntuación del discurso del analizante?

Un elemento del método freudiano es no retroceder ante algo incomprensible. Eso permitió a Freud encontrar la lógica propia de los sueños. Por su parte, Lacan comprendió que hay problemas que no conviene abordar frontalmente, sino desplegarlos a través de algunos rodeos, a veces largos, pero necesarios. Lo que sigue a continuación, es de ese orden.

 

¿Hay una manera correcta de hablar del nazismo y de sus efectos? El problema del humanismo

Si atendiéramos a una parte de la cascada de artículos que esta pieza ha suscitado, sospecharíamos que sí. Al menos hay personas para quienes parece obvio que hay maneras adecuadas  de tratar este tema y otras que no lo son.

Esta posición tiene diferentes versiones. Vayamos al extremo de la prohibición. Hasta donde hemos podido seguir el debate, nadie ha pretendido que se prohíba la obra. Sin embargo, esta pieza hubiera sido imposible exhibirla en Alemania. Como cada uno recuerda, el partido nazi es inconstitucional en ese país, y por lo tanto ilegal, al igual que toda simbología que le haya pertenecido o lo evoque.

En términos de resolver un problema, ¿qué tan lejos lleva la prohibición como tal?

 

Freud:

En los caminos de Italia, los cables de alta tensión llevan esta inscripción concisa e impresionante: Chi tocca, muore. Esto alcanza perfectamente para reglar la conducta de los que pasan respecto de los cables colgantes. En Alemania, las advertencias correspondientes son de una ampulosidad superflua y ofensiva: “A causa del riesgo de muerte, está estrictamente prohibido tocar los cables de alta tensión”. ¿Para qué la prohibición? Quien ame la vida se la impartirá a sí mismo, y quien quiera eliminarse por ese medio, no pedirá permiso.[54]

 

La prohibición reprime, pero no impide que algo afirme su existencia. Erik van Lieshout, artista holandés, desarrolló un curioso proyecto para la IV bienal de Berlín en 2006. En uncontainer ubicado a la altura del 52 de la Augustsatrasse exhibió un video del viaje que hizo en bicicleta por Alemania para conocer a su país vecino y a sus habitantes. Envió una postal a los organizadores de la bienal desde cada lugar que visitó. El tono del video es dispar, por momentos es hilarante, como cuando critica descaradamente a un indigente que está desempleado y van Lieshout se burla de él porque, a pesar de estar sin trabajo, porta un iPod; el indigente lo persigue y lo golpea. O cuando su teléfono celular es atropellado y él cae en desesperación. Pero hay otros momentos en donde el tono cambia a la pura descripción, al internarse en pequeñas ciudades registra en la gente que lo alberga la viva admiración por elFhürer. Personas que guardan en secreto retratos de Hitler y que se los muestra diciendo que extrañan aquellos tiempos. Gente amable y hospitalaria.




Erik van Lieshout, Container, 2006

 

La prohibición induce la represión, cuando algo se reprime resurge una y otra vez, y gracias a una mutación indispensable para burlar la censura, se vuelve irreconocible. Por eso los sueños son tan extraños, porque son un retorno de lo reprimido que ha sido deformado para poder manifestarse.

Sostengamos la hebra que propusimos. ¿Existe una manera correcta de hablar del nazismo? En alguno de los textos críticos de la pieza, se afirma que la ironía no cabe cuando se habla de nazismo.[55] ¿Y que hacemos con El gran dictador de Chaplin? ¿Habría que condenar su exhibición ahora que se sabe lo que sucedió en Auschwitz? Y Véase: amor, la generosa novela de David Grossman que, llena de humor y de fantasía, cuenta lo ocurrido a partir de los ojos de Momik un niño de ocho años,[56] ¿deberíamos repudiarla?

Por su parte, la pieza de Van Lieshout en ocasiones mueve a reír y a la vez no hace concesiones.

Hay piezas que están logradas y otras que son fallidas. El Memorial del Holocausto en Berlín fue creado por Peter Eisenman e inaugurada en mayo de 2005.



 

Peter Eisenman, Memorial del Holocausto, Berlín

 

 

Fui testigo de cómo la pieza es recorrida por niños y adultos como un laberinto en donde muchos juegan a las escondidas; por momentos los niños corren y ríen abiertamente, los adultos se sonríen con discreción. Algunos niños brincaban de una lápida a la siguiente, hasta que eran reprendidos por los padres. Esta obra a mi entender es fallida; en fotografía panorámica da un aspecto lúgubre, pero al ser recorrida funciona de manera lúdica.

Entonces hay dos preguntas que pespuntan: una tragedia ¿siempre debe ser tratada con solemnidad? ¿Esa solemnidad garantiza que una pieza funcione? Si el Memorial del Holocausto busca evocar lo que ha sido un duelo enorme, es fallida.

La primera pregunta, empero, implica una posición respecto de la subjetividad: ¿estamos condenados a nunca llegar a reír ante el horror?, ¿no es la risa lo que podría deshacer los efectos persecutorios? No se trata de la risa que ridiculiza a la tragedia, no se trata de reír del horror, sino de la risa aquella que encuentra en el revés del monstruo, su falla. Es la sonrisa de Yehuda Lerner que cuenta  cómo el éxito de la sublevación del campo de Sobibor se basó en la muy alemana característica de la puntualidad, es decir, el orgullo alemán de la precisión fue lo que los perdió. Y Yehuda Lerner sonríe. Claude Lanzmann lo entendió y por eso llamó a su film Sobibor, 14 octobre, 16 heures. Podría decirse que Lerner también ríe de alegría por la victoria, pero sobre todo ríe, y nosotros con él, de la ironía de retorcer el poder de la máquina contra sí misma. Yehuda Lerner en ningún momento dice nada que haga pensar que él rememore cada año lo sucedido, al contrario, relata que hacía mucho no pensaba en todo aquello.

Milán Kundera tuvo el acierto de reunir en el título de su libro a la risa y al olvido. Es perturbador que la consigna frente a Auschwitz sea “no olvidar”. Después de que los nazis destrozaron la vida de millones de personas, ¿es una obligación marcar el presente y el porvenir con recordatorios continuos? ¿Dedicar así la propia vida a recordar a aquellos que la destrozaron? “Para que no vuelva a suceder”, se nos dice.[57] Pero el nazismo no sucederá nunca más bajo la forma histórica en que ocurrió pues surgió de una multitud de condiciones históricas, políticas, ideológicas, económicas, etc., muy  específicas, y que son irrepetibles.

Pero un fenómeno análogo sí que puede sobrevenir. Es por eso que importa interrogar al nazismo en cuanto a su forma de operación.

Una de las razones por las que Cantos cívicos puede provocar rechazo es porque el nazismo y su iconografía son el último reducto del mal absoluto y de su representación. En un tiempo en donde se han relativizado los valores, el nazismo es una instancia de gran valor para quienes quieren sostener, todavía, una moral dicotómica y la pureza que de ahí se deriva. Quien adopta esa posición quiere verse como completamente ajeno a los nazis. El problema es que quien se coloca así no puede ya interrogarse sobre el fenómeno nazi y por sus modos de operar. En consecuencia podría estar participando de ellos sin detectarlo. Esa distinción tajante entre los nazis y los demás, suele acompañarse de juicios de “bestialidad” respecto a los actos perpetrados.

La respuesta internacional al genocidio nazi fue la Declaración Internacional de los Derechos Humanos. Sin embargo, existen dos problemas respecto de la aplicación de los primeros dos artículos:

 

Artículo 1

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

 

Artículo 2

1. Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

 

Para que estos principios se apliquen, ante todo es necesario reconocer al otro como humano; recuérdese la infame propaganda electoral de un gobernador del Estado de México: “Los derechos humanos son para los humanos, no para las ratas”, refiriéndose a los delincuentes. De la misma manera, en el genocidio de Ruanda, los Hutus se referían a los Tutsis como “animales” y los Tutsis a sus enemigos como “cucarachas”.

La condición “humana” es algo frágil, que se escamotea al otro con mucha rapidez. Pero también se puede perder frente a uno mismo.

Lacan escribió en 1945 un artículo llamado[58]  “El tiempo lógico y la aserción de certidumbre anticipada”, del que afirma que lo publicó a manera de que fuera imposible de hallar en su momento. ¿Por qué? ¿Qué puede haber de insoportable en un artículo que parece incluso juguetón? Sucede que, sin que esta temática se desprenda directamente del sofisma lógico que propone el artículo, Lacan concluye así:

 

1 ° Un hombre sabe lo que no es un hombre.

2° Los hombres se reconocen entre ellos por ser hombres.

3° Yo me afirmo como hombre, por temor de ser convencido por los hombres de no ser un hombre.

 

En efecto, los múltiples testimonios de prisioneros en los campos de concentración reiteran que la propia condición humana podía ser escamoteada ante uno mismo por los tratos recibidos. Los prisioneros podían dejar de considerarse humanos a sí mismos. Y entonces los únicos humanos para ellos eran los guardias nazis. El efecto era una jerarquización vertical de los seres. Esto ha sido descrito en muchas ocasiones, pero interesa especialmente la revelación del testimonio aportado por el músico Simón Laks, jefe de orquesta en Birkenau.

Vivíamos en un mundo en el cual el genio alemán había descubierto, proclamado y aplicado una versión modernizada de la teoría de Darwin. El género que llamamos ordinariamente “humano” estaba dividido aproximadamente en cuatro categorías:

1.     Los superhombres, es decir los alemanes arios que amaban al Führer y obedecían a sus eslogans y órdenes.

2.     Los hombres, es decir, los alemanes arios que pensaban y actuaban de otra manera que como ordenaba el Führer.

3.     Los subhombres, es decir todos los otros arios.

4.     La chusma, es decir los judíos, los gitanos y otras crápulas de la sociedad bípeda.

Esta división no es una revelación, pero quizá sí lo sea el hecho de que fuera admitida como palabra de evangelio por los prisioneros mismos. No sólo admitida, sino puesta en práctica. La primera categoría consideraba por tanto a las otras tres como “inferiores”; la segunda, a las otras dos; la tercera, a la cuarta; y los judíos mismos se consideraban como peores que los gitanos y como peores que todo. No había sin duda un judío en los campos que hubiera osado pensar que valía tanto como otro cualquiera. Hubiera sido pura herejía.[59]

De ahí el segundo problema de esos artículos de la Declaración. Al provenir de la tradición católica renacentista, la noción de dignidad humana, presente en todos los humanismos, depende originalmente de la semejanza de Dios y el ser humano.

Pico de la Mirandola reconoce esa dignidad en la indeterminación del hombre, misma que le otorga libertad para llegar a ser de diferentes maneras.

Decretó al fin el supremo Artesano que, ya que no podía darse nada propio, fuera común lo que en propiedad a cada cual se había otorgado. Así pues, hizo del hombre la hechura de una forma indefinida, y colocado en el centro del mundo, le habló de esta manera: “No te dimos ningún puesto fijo, ni una faz propia, ni un oficio peculiar, ¡oh, Adán!, para que el puesto, la imagen y los empleos que desees para ti, esos los tengas y poseas por tu propia decisión y elección. Para los demás, una naturaleza contraída dentro de ciertas leyes que les hemos prescrito. Tú, no sometido a cauces algunos angostos, te la definirás según tu arbitrio al que te entregué. Te coloqué en el centro del mundo, para que volvieras más cómodamente la vista a tu alrededor y miraras todo lo que hay en ese mundo. Ni celeste, ni terrestre te hicimos, ni mortal, ni inmortal, para que tú mismo, como modelador y escultor de ti mismo, más a tu gusto y honra, te forjes la forma que prefieras para ti. Podrás degenerar a lo inferior, con los brutos; podrás realzarte a la par de las cosas divinas, por tu propia decisión.”[60]

El hombre en el centro del mundo. No el ser humano, sino el hombre, Adán. Arriba de él, las cosas divinas. Debajo de él, los brutos. El origen de la dignidad humana de la tradición humanista es androcentrado y fija una diferencia vertical entre las especies, en cuya cúspide está Dios y en el centro del mundo el varón.

Así, de manera implícita, quien se aleja de la propia deidad, se aleja de la dignidad humana. De ahí que el mismo Pico de la Mirandola tenga que poner sus reservas contra los judíos y da pistas para “confirmar nuestra sacrosanta y católica fe”[61] y “para servir de apoyo a nuestros hombres en la defensa de nuestra religión contra las importunas calumnias de los hebreos.”[62] Su argumento lo lleva al final de su libro a sostener que: “En conclusión, apenas hay tema de controversia entre nosotros y los hebreos, en que no se les pueda retorcer el argumento y convencerles a base de estos libros de los cabalistas, de modo que no quede rincón alguno donde se parapeten.”[63]

Esa jerarquización de los seres existe incluso para el existencialismo de Sartre que, pretendiéndose ateo, utiliza los mismos argumentos que Pico della Mirandola sobre el hombre como un proyecto abierto, es decir, libre para llegar a ser lo que decida ser. Y de ahí concluye que el hombre tiene una dignidad mayor que otros seres, vivos o no.[64]

Quien perpetra un genocidio, puede considerar que no está violando los derechos humanos, al considerar que no elimina humanos, sino “especies inferiores”.

Cuando se quiere trabajar seriamente, hay que hacerlo con documentos. El autor de Mein Kampf no se privó de invocar los “derechos humanos” para justificar en su libelo sus propósitos de exterminio.[65]

Todo ello es un resultado del humanismo que pone el acento en la dignidad humana, sin problematizar lo humano como tal. El humanismo no puede ser la solución a un problema que él mismo ha generado como ideología.

No sorprende, entonces, que Foucault dijera en 1966: “Nuestra tarea actualmente es liberarnos definitivamente del humanismo,” pues  “es la tapadera tras la cual se refugia el pensamiento más reaccionario, en donde se forman alianzas monstruosas e impensables”.[66]

Años después, en 1981, Michel Foucault recuerda el contexto en que escribió en Las palabras y las cosas acerca de “la muerte del hombre”. Y dice:

Hay que recordar el contexto en el cual escribí esta frase. Ustedes no pueden imaginarse en qué charco moralizador de sermones humanistas estábamos hundidos en la post-guerra. Todo el mundo era humanista. Camus, Sartre, Garaudy eran humanistas. Stalin también era humanista. No cometeré la grosería de recordar que los discípulos de Hitler se llamaban humanistas.[67]

Una de las consecuencias de la pieza de Ventura es que muestra patentemente que los nazis eran humanos. Lo eran bajo la definición misma de la Declaración Internacional de los Derechos Humanos. Tan humanos como quien esto escribe y quien lo lee. La pieza dice que los alemanes que participaron en el genocidio activamente o por omisión, tenían familias a las que amaban, eran gente culta que escuchaba música excelsa y leían a Goethe. Nada de eso los hizo mejores seres humanos. El arte, clásico o contemporáneo, no hace mejores personas.

En dos puntos el psicoanálisis implicó una ruptura con su tiempo. Cuando Freud aseveró la existencia de representaciones inconscientes, hizo estallar al sujeto kantiano, fundamento de la modernidad. Pero también, al liberar la palabra de aquellos a quienes escuchaba, llegó a una conclusión: no hay progreso posible en la condición humana. En “El porvenir de una ilusión” fijó su posición ante cualquier promesa utópica, especialmente la religiosa, y la iba a refrendar en “El malestar en la cultura”. De esta manera, a pesar de su confianza en la razón, se distanció de cualquier promesa ilustrada.

Lacan iba a hacer suya esa visión de manera contundente, lo hizo al principio de su recorrido[68] y también hacia el final de su vida:

 

Salirse de la filosofía, y al mismo tiempo de la teología, no es fácil, y necesita un increíble cribado por el que podamos decir que el psicoanálisis sea algo que se sostiene. El está perpetuamente puesto a prueba, da algunos resultados, pero lo que yo pienso, es que no hay progreso, que incluso no hay progreso concebible, que no hay ninguna especie de esperanza de progreso.[69]

 

El psicoanálisis no es un humanismo. La pieza de Miguel Ventura pone el dedo en la llaga de cualquiera que quiera ver en lo humano algo equivalente a una dignidad superior a la de otros seres. El humanismo establece diferencias verticales entre especies, y la pieza de Miguel Ventura invierte por un momento ese orden de cosas. Las ratas, animales de laboratorio, son los agentes que activan el dispositivo de los cantos indicando a los coros las canciones que deben interpretar. Así se cuestiona la idea de una dignidad humana superior a la de las ratas.

Entre las especies existen diferencias, pero son horizontales, no verticales. Una de esas diferencias es no el lenguaje como tal. Tal y como un psicoanalista genera lecturas polisémicas de su silencio en los analizantes, Cantos cívicos pone en acción un pequeño universo de equívocos, de coexistencia de elementos inesperados, pero no inconexos ni irracionales. En ese sentido es un aparato de lenguaje humano. Por eso establece otro punto de contacto con la función del analista, pues genera habla. La profusión de textos que ha suscitado es elocuente: ça parle et ça fait parler. La palabra ça es una de las traducciones al francés del Ello freudiano, y uno no está lejos de pensar que circular por Cantos cívicos es como recorrer ese lugar que Freud llamó así. Pero no, Cantos cívicos es un dispositivo, y no un sector del aparato psíquico que sería parte de una ficticia “naturaleza humana”.

Con sus orígenes católicos, la idea de “dignidad humana” en la que se apoya el humanismo con sus discursos edificantes sobre el “valor de la persona humana”, es una verdadera trampa, y ésta, a diferencia de Cantos cívicos, no se presenta como una ficción.

 

Una pregunta incómoda

Silenciar algo no exime de su existencia. El retorno de lo reprimido se consigue a través de una mutación de lo callado y de lo prohibido. Como las ratas de Cantos cívicos, hemos sido condicionados; condicionados entre otras cosas para detestar la iconografía nazi.

La vinculación en la pieza entre la suástica y el signo de dólares (pero también del euro y de la libra esterlina) ha resultado especialmente chocante. La relación entre nazismo y neoliberalismo se ha sugerido, y Miguel Ventura la ha confirmado. Recibió como respuesta lo siguiente:

Por nefasto que pueda ser el sistema que nos tocó vivir, tú tienes la libertad de vivir en paz con tu pareja y de desenvolverte como artista como mejor te plazca-- e incluso de gozar cierto éxito profesional envolviéndote en la bandera de  "denunciar al sistema."[70]

No es una respuesta de alguien que rechace la instalación por principio. Pero omite una pregunta: ¿existe alguna relación entre nazismo y neoliberalismo? Ninguna respuesta directa está en la pieza, pero induce a una reflexión incómoda, en la que se impone un rodeo.

No parece quedar ninguna duda respecto del hecho de que la economía nazi no fue liberal, máxime que el mercado libre e internacional incluía al aparato financiero que, suponían, estaba secretamente dirigido por judíos. En cambio, extrañamente, parece haber un debate abierto por los liberales respecto de si la economía nazi fue capitalista o no. El liderazgo nazi no sólo insistió en respetar la propiedad privada, sino que además estableció una firme alianza entre el partido nazi y los monopolios industriales. Este hecho y sus consecuencias no escaparon a Theodor Adorno y a Max Horkheimer al publicar en 1944 su Dialéctica de la Ilustración: “la industria cosifica las almas. El dominio de los monopolistas, como antes el de los capitalistas individuales, no se expresa directamente en el comando del señor”.[71] Entonces, cabe considerar que hay un capitalismo que no es liberal sino monopólico, y que incluso puede virar a un capitalismo monopólico de Estado, como el alemán entre 1933 y 1945.[72] Ese capitalismo condice bien con el darwinismo social que promueve la lucha del más fuerte. En él, las libertades que tanto son reclamadas funcionan mejor para los más poderosos,[73] y las ventajas de esas libertades se pueden resumir con una cita de John D. Rockefeller:

El crecimiento de un gran negocio es simplemente la supervivencia del más apto... La rosa American Beauty sólo puede alcanzar el máximo de su hermosura y el perfume que nos encantan, si sacrificamos otros capullos que crecen en su alrededor. Esto no es una tendencia malsana del mundo de los negocios. Es, meramente, el resultado de una combinación de una ley de la naturaleza con una ley de Dios.[74]

Los nazis abrazaban esta visión del mundo, hablando de la Naturaleza en vez de Dios, motivo por el cual buscaron a la hermana de Nietzsche para encontrar en el filósofo la justificación de un antisemitismo que no existía en él.[75]

Además del hecho de que los prisioneros de los campos de exterminio fueron utilizados como fuerza de trabajo gratuita de industrias como Volkswagen[76] o Bayer[77] el nazismo se caracterizó por el manejo de una población específica, el control de los cuerpos y su “procesamiento” -desde su asesinato hasta su industrialización como materia prima[78]- de una forma que Georg Lukács ya había descrito como propia de la aparición del capitalismo moderno. ¿Cabe alguna duda de que el régimen nazi operaba bajo una estructura de cosificación? En efecto, todo el inmenso sistema de exterminio se basó en el principio de calculabilidad.

Una creciente racionalización, una progresiva eliminación de las propiedades cualitativas, humanas, individuales del trabajador. Por una parte, porque el proceso de trabajo se descompone cada vez más en operaciones parciales abstractamente racionales, con lo que se rompe la relación del trabajador con el producto como un todo, y su trabajo se reduce a una función especial que se repite mecánicamente.”[79]

Esto describe exactamente la forma en que los alemanes ejecutaban sus acciones, con una clara división del trabajo, de ahí que fuera tan común que la gente no sintiera ninguna responsabilidad personal en lo que sucedía. El film de Claude Lanzmann, Shoah, revela con crudeza cómo cada quién se limitaba a ejecutar su pequeña parte del proceso. Y lo que importaba era eficientar el sistema, para lo cual había que calcularlo todo.

Con la descomposición moderna, “psicológica” del proceso de trabajo (sistema Taylor), esta mecanización racional penetra hasta el “alma” del trabajador: hasta sus cualidades psicológicas se separan de su personalidad total, se objetivan frente a él, con objeto de insertarlas en sistemas racionales especializados y reducirlas al concepto calculístico.[80]

Además de la perversidad personal, misma que puede haber en cualquiera bajo determinadas circunstancias, sobre todo operó un sistema de producción, una industria que fabricaba muertos. Por eso poco importa que, como se ha señalado, “el nacionalsocialismo detestaba al liberalismo y sospechaba del libre mercado.”[81] Sus modos operatorios eran exactamente los del capitalismo, según fueron revelados practicados por Henry Ford,[82] revelados por Marx y precisados por Lukács respecto de la calculabilidad, misma que acompaña a la cosificación introducida por la estructura de la mercancía. Los prisioneros eran usados como fuerza de trabajo gratuita, y a la entrada de Auschwitz todavía se lee Arbeit macht frei, “el trabajo os hará libres”, una burla cruel. Si vivos eran cosas calculables –de ahí su numeración-, ya muertos, los prisioneros eran convertidos mercancías.

Hay que señalar de paso que las características de Cantos cívicos hace imposible convertir esa pieza en una mercancía, así no sea porque su dispositivo implica la realización de conciertos en vivo y el entrenamiento y mantenimiento de ratas por expertos en Psicología y en Veterinaria.

Así, un puente se tiende entre nazismo y capitalismo con la estructura de la mercancía y la cosificación que produce, la calculabilidad y la búsqueda de máximo rendimiento costo-beneficio en un proceso que hay que eficientar. Es decir, elementos estructurales del modo de funcionamiento del capitalismo. Pero capitalismo no es exactamente lo mismo que el neoliberalismo, de hecho éste se comienza a gestar a partir de la derrota alemana en la II Guerra mundial. En ese momento se plantea por primera vez un problema que invierte los términos tradicionales. Ya no se trata de si el Estado debe o no regular al libre mercado. En ese momento se trata de hacer existir a un Estado y legitimarlo. “¿Cómo hacerlo aceptable a partir de una libertad económica que va, a la vez, a asegurar su limitación y a permitirle existir?”.[83] En suma, el problema de la ausencia de Estado en Alemania a partir de la derrota nazi, dio pie a concebir algo que no cesa de intentarse globalmente, el verdadero objetivo del proyecto liberal: una formalización general de los poderes del Estado y de la organización de la sociedad a partir de una economía de mercado.[84] Se trata de generar un Estado bajo la vigilancia del mercado, antes que un mercado bajo vigilancia del Estado.[85]

Para instrumentar ese proyecto hace falta el biopoder. Este concepto fue introducido por Foucault en La voluntad de saber. Ya había descrito la invención de las instituciones disciplinarias -como la cárcel, la fábrica y la escuela- que consiguieron ejercer el control sobre el cuerpo de los individuos; éstas tenían en último término el referente del derecho que tenía el soberano para decidir la muerte de tal o cual súbdito. A continuación, el Estado sumó un nuevo poder: el de regular la vida de la población. La diferencia radica en que el poder de matar a un individuo legalmente, viraba en el ejercicio de un poder sobre la vida biológica de la población. Así, el Estado se interesó en las tasas de natalidad, de mortalidad y de morbilidad de la población. Para encauzar a la población, el poder se dotó de medios que rebasan con mucho al Derecho. La ciencia y el positivismo abrieron un apetito de montos de información que se traducen en instrumento de poder. Se planteó la oposición entre positivismo y pensamiento crítico. El poder optó, claro, por el pensamiento positivo, la medición, la información que le permitía controlar a la población. El biopoder busca controlar la vida biológica de los individuos a través del establecimiento de la norma. De ahí que el biopoder se apoye en disciplinas afines a la biología: la medicina, la biología misma, la psicología.

La función jerarquizadora que en el humanismo cumple Dios o la mayor dignidad del hombre, puesto a la cabeza de los seres vivos, en el capitalismo moderno está resuelta por el darwinismo social. Es decir, una teoría biológica convertida en ideología que argumenta que la Naturaleza (con mayúscula) prefiere al más fuerte, que por ende subyuga al débil.

La modernidad capitalista exaltó la pureza en todos los ámbitos, desde el racial hasta en las artes (Clement Greenberg), en ella el ideal dominó a la acción política y artística bajo la forma de las utopías. Es también el momento en que las tecnologías del poder establecen las normas como referentes ineludibles, de ahí la medicalización de la vida social y el prestigio que cobra esa disciplina –que no ciencia- y que desliza la valoración de la vida moralmente “buena” en la vida “sana” o “saludable”. Es también el momento en que los tests psicológicos aparecen para poder clasificar convenientemente a la población según psicopatologías creadas para justificar a la psiquiatría,[86] y el conductismo se plantea la tarea de estudiar e instrumentar la “adaptación” del individuo a su medio ambiente.

Es el momento político en donde la norma estadística se convierte en norma de vida y cuando aparece el racismo de Estado, que a ritmo de “hay que defender a la sociedad”, elimina a los judíos, homosexuales, gitanos, locos y cualquier otra forma de “degeneración” de la norma. Es el momento bélico en que George W. Bush, argumentando como objetivo la seguridad de la población de su país lanza un “ataque preventivo” contra Irak, desatando una ola de discriminación y racismo contra los musulmanes, y de paso capturando el petróleo iraquí y sus tesoros arqueológicos.

El neoliberalismo es un desarrollo del capitalismo. El biopoder nació en las sociedades capitalistas con la explosión demográfica y sus técnicas no han cesado de renovarse.

el nazismo sólo llevó a su paroxismo el juego entre el derecho soberano de matar y los mecanismo del biopoder. Pero este juego está inscrito efectivamente en el funcionamiento de todos los Estados, de todos los Estados modernos, de todos los Estado capitalistas. Y no sólo de éstos. (...)[87]

Foucault pone énfasis en que también hubo un racismo de Estado en los regímenes socialistas. Cuando un socialista insistió en la transformación de las condiciones económicas como principio de cambio no necesitó del racismo, es decir, cuando el acento ha estado en cambiar los procesos económicos, fue irrelevante. En cambio, cuando se ha insistido en el tema de la lucha contra el enemigo, sobre la eliminación del adversario dentro de la sociedad capitalista, lo biológico ha vuelto a emerger, el racismo reaparece.

El socialismo […] en la medida en que no expone o no analiza el problema de la mecánica del poder, no puede sino reutilizar o reinvestir los mismos mecanismos de poder que hemos visto constituirse a través del Estado capitalista o del Estado industrial. En todo caso, una cosa es cierta. En realidad, el socialismo no criticó el tema del biopoder desarrollado a fines del siglo XVIII y en el XIX, e incluso lo retomó y desarrolló. […] Me parece, en definitiva, que el socialismo retomó, tal cual, la idea según la cual la sociedad, o el Estado, o lo que debe sustituir al Estado, tiene la función de gestionar la vida, de organizarla, de multiplicarla, de compensar los imprevistos, de considerar y delimitar las probabilidades o posibilidades biológicas.[88]

 

El biopoder no coacciona con la amenaza de muerte, sino con técnicas que impulsan y regulan la vida a manera de generar ganancias económicas. La ingeniería genética implica un cambio de paradigma, pues ahora el biopoder extiende sus alcances a todos los seres vivo, no sólo los humanos. Las ratas vivas de la pieza son animales de laboratorio, productos de la eugenesia. En efecto, se trata de seres manipulados genéticamente para conseguir ciertas características que los hacen idóneos para su función, de hecho ahora ya son transgénicos.[89] No hay que descuidar esa nota de advertencia en la pieza de Ventura. Hay una contradicción entre sostener un darwinismo social y promover la comercialización de transgénicos, pues éstos atentan directamente contra la diversidad de la vida, pero generan pingües ganancias para las trasnacionales. Con lo cual queda claro que el darwinismo social es sólo una ideología económica de acumulación de capital.

Cantos cívicos no se propone hacer una crítica de todo. Los riesgos para cada quien, en tanto hemos sido constituidos en “población” por el biopoder, no vienen ahora de un régimen comunista, sino de la homogeneización normativa de un capitalismo globalizado. El reclamo feroz por un mercado “libre”, y la consagración de la “competencia” como un valor económico que ha permeado al tejido social en prácticamente todos sus registros, traduce en realidad la lucha de los grandes intereses por tener las manos libres para imponer sus condiciones, sin miramientos por la vida endémica, incluyendo las poblaciones locales.

Y bajo esas condiciones, el mejor funcionamiento de la sociedad entonces puede implicar el asesinato de ciertos sectores.

Comprenderán, en consecuencia, la importancia –iba a decir la importancia vital- del racismo en el ejercicio de tal poder. El racismo representa la condición con la cual se puede ejercer el derecho de matar. Si el poder de normalización quiere ejercer el viejo derecho soberano de matar, debe pasar por el racismo. Pero también un poder soberano, es decir, un poder que tiene derecho de vida y muerte, si quiere funcionar con los instrumentos, los mecanismos y la tecnología de la normalización debe pasar por el racismo. Que quede bien claro que cuando hablo de homicidio no pienso simplemente en el asesinato directo, sino todo lo que puede ser también muerte indirecta: el riesgo de exponer a la muerte o de multiplicar para algunos el riesgo de muerte, o más simplemente la muerte política, la expulsión.[90]

Las últimas frases revelan cómo se ejerce el racismo mexicano sobre todos los pueblos indígenas del país, que han sido sistemáticamente expuestos a la muerte, multiplicados sus riesgos de enfermedades mortales curables, y reducidos a casi nada en el ámbito político. Al menos hasta la llegada del zapatismo.

Un efecto de la pieza de Miguel Ventura, al plantear una relación entre el nazismo y el neoliberalismo podría ser suscitar la discusión sobre los mecanismos del biopoder y cómo conducen al racismo y al genocidio; justamente ese análisis fue omitido por los Estados socialistas. Si esos mecanismos no se critican, si no se estudian en sus orígenes, en sus técnicas, en sus modos operatorios, entonces podríamos colaborar, sin saberlo, en la repetición del horror.

Más que recordar miles de veces lo sucedido, es importante desplegar, articular, analizar las técnicas de poder del nazismo como paroxismo del biopoder surgido del capitalismo. El nazismo implementó medios altamente racionales para conseguir sus fines. De ahí que sea necesario recordar su sistema de producción de muertos, calcado del capitalismo industrial y su calculabilidad tan afín a la razón. No descuidar, tampoco, la confluencia de principios de acción goebbelianos en la publicidad y la propaganda política, que tiende a la manipulación de masas. Y estar advertidos, gracias a las ratas blancas, de que la ingeniería genética abre ya la posibilidad de una eugenesia que promete mucho para las trasnacionales.

El neoliberalismo no es el nazismo, pero ambos son momentos del capitalismo y Cantos cívicos nos interroga: ¿la estetización de la política terminó con el nazismo? Walter Benjamin advertía en 1936 que la consecuencia lógica del fascismo es una estetización de la vida política, en donde hay un aparato puesto al servicio de los valores culturales.[91] Así, “todos los esfuerzos para estetizar la política culminan en un solo punto. Ese punto es la guerra”.[92] Cantos cívicos no hace referencia a la II Guerra mundial, sino a la guerra en Irak. El fundamentalismo protestante de George W. Bush y la estetización de la política, de la violencia e incluso de la propia guerra a través de los mass-media, ¿no son prácticas comunes entre ese neoliberalismo salvaje y el nazismo? El culto de la técnica y de la modernidad que tiende a la homogeneidad global, ¿no son también elementos comúnes? “La guerra, y únicamente la guerra, permite dar una finalidad a los movimientos de masas pero sin tocar al régimen de propiedad privada. […] Sólo la guerra permite mobilizar todos los medios técnicos de la época actual sin cambiar en nada al régimen de la propiedad.”[93] Claro que el fascismo no utilizaría esos argumentos, sino aquellos de la propaganda que se distribuye bajo la forma de “noticieros”.[94] en donde sólo existe aquello que está consagrado por la sociedad del espectáculo.[95]

Al psicoanálisis le interesa que Cantos cívicos haya abierto esa discusión, al menos a cierto psicoanálisis que es un locus de excepción en una sociedad normalizante. Ese psicoanálisis es ajeno a la medicalización y a la psicología. Se desprende continuamente de la psicopatología como mecanismo conceptual que vehicula un poder que Foucault llamó la “función psi”, el poder que surge de un presunto saber que distinguiría la “normalidad” de la “patología mental” y que guía a las almas. En el momento actual es necesario interrogar las prácticas de aquello que se reclame como psicoanálisis en su relación con el capitalismo, lo que implica la disyuntiva entre la plusvalía y la subjetivación que se opera a través de su pérdida.  A menos de que vire hacia la religiosidad, el psicoanálisis no puede ser humanista, ni orientarse por las identidades; de ahí la importancia de su objeto, el objeto a, que no permite heteronormar a los cuerpos, y menos al deseo.

Lo que está en juego es la posibilidad de una subjetivación que no sea resultado del biopoder normalizador.

 

México D.F., abril, 2009

copilco@yahoo.com

 

 

 

 

 

 

 


[1] Esta pieza y su antecedente de Castelló pueden ser visitadas virtualmente en http://nilc.lcda.org/

[2] No hablemos de la insidiosa labor el narcotráfico. Pero, por otra parte, a nadie parece sorprenderle las implicaciones de que ya no sea la CTM el sindicato en que se apoya el partido en el gobierno, ni que haya sido reemplazado por el sindicato de maestros, responsables directos del contacto con los niños. Esta observación es de Ernesto Priani Saisó.

[3] “Apis mellifera”, Wikipedia, http://fr.wikipedia.org/wiki/Apis_mellifera

[4] José Luis Barrios, “De la fábrica transparente a la máquina defecadora de arte contemporáneo”, Catálogo de Cantos cívicos, UNAM, México, 2008. Y también Lourdes Morales, “El juicio a Cantos cívicos”, http://cantoscivicos.blogspot.com/search?q=lingua+franca

[5] Art Spiegelman, Maus. A Survivors Tale, Pantheon, N.Y., 1973.

[6] Gilles Deleuze, “Qu’est-ce qu’un dispositif”, L’Unebévue, n. 12 L’opacité sexuelle, Epel, París, 1999, p. 10.

[7] François Lyotard, Lo inhumano, Ed. Manantial, Buenos Aires, 1998, p. 9

[8] ¿No será precisamente el sector humanista de la intelectualidad el que ha deplorado que la UNAM le diera lugar a la pieza?

[9] Cf. Lourdes Morales, op. cit., y José Luis Barrios, op. cit.

[10] Manuel Hernández, “Sexo sin sexuación. Un breve paso por la intersubjetividad”, Me cayó el veinte, núm. 1, Erotofanías, Epeele, México,

[11] Cf. “Ratón de laboratorio” en Wikipedia, http://es.wikipedia.org/wiki/Rat%C3%B3n_de_laboratorio , consultado el 6 de abril de 2009.

[12] Hanna Arendt, Eichmann en Jerusalén, Lumen, Barcelona, 1997

[13] Pascal Quignard, La haine de la musique, Gallimard Folio, París, 1997. Existe versión en español, El odio a la música, Andrés Bello, Madrid, 1999, sin embargo las citas que aquí se hacen son traducción de Manuel Hernández.

[14] Ari Volovich cita a Miguel Ventura: Los críticos no ven Cantos cívicos como una obra de arte, sino como una tesis histórica desde un punto de vista histórico muy literal y acartonado. No han dejado de aconsejarme acerca de cómo debería de ser la exposición; como por ejemplo, me han pedido mostrar escenas del Holocausto, y como no lo hago, para ellos esto significa que yo niego la existencia del Holocausto. Sus lecturas son visiones canónicas de nuestros tiempos de dilemas éticos y

morales pero que no cuestionan el status quo como pretende hacerlo Cantos cívicos: desde la esquizofrenia”. http://cantoscivicos.blogspot.com/2009/03/ari-volovich.html

[15] Quignard, op. cit., p. 11

[16] ibid.,, p. 23

[17] Jacques Lacan, L’angoisse, 22 de mayo de 1963. Esta sorprendente conjunción amerita un despliegue específico que pasa por la locura y por la forclusión del Nombre-del-Padre, es decir, por la disolución de su bicomposición. No por casualidad el seminario que debía seguir a L’angoisse debía llevar por título Les noms du père.

[18] Jacques Lacan, L’angoisse, 5 de junio de 1963.

[19] Pascal Quignard, La haine de la musique, op. cit., p. 119

[20] ibidem

[21] ibid., p. 1006

[22] ibid., p. 1002

[23] ibid., p. 1006

[24] Pascal Michon, Les rythmes du politique, Les prairies ordinaires, Paris, 2007.

[25] Clément Rosset, L’objet singulier, Les Éditions de Minuit, París, 1979.

[26] Jacques Lacan, L’angoisse, 5 de junio de 1963.

[27] Esta paradoja pide un desarrollo que no haremos aquí. Sólo indiquemos que para desplegarla es indispensable pasar por la locura, y específicamente por la forclusión del Nombre-del-Padre cuyo funcionamiento bífido queda así desarticulado.

[28] Jacques Lacan, L’angoisse, 9 de enero de 1966. Jean Allouch sostiene que en esta fecha Lacan inventó al objeto a. Las itálicas son mías.

[29] Ari Volovich, “Cantos cívicos”, en http://cantoscivicos.blogspot.com/2009/03/ari-volovich.html, las itálicas son mías.

[30] Pascal Quignard, op. cit., p. 122

[31] Pascal Quignard, op. cit., p. 134

[32] Pascal Quignard, op. cit., p. 215

[33] Simon Laks, Mélodies d’Auschwitz, Editions du Cerf, Paris, 2004. Hay traducción al español en la editorial Arena Libros, Madrid.

[34] Pascal Quignard, op. cit., p. 217

[35] Pascal Quignard, op. cit., p. 219

[36] Pascal Quignard, p. 242

[37] Pascal Quignard, p. 221

[38] Al ser un instrumento del biopoder, el uso de la propaganda no distingue banderas políticas. Esta sección se apoyó en gran medida en el libro de Anthony Pratkanis y Elliot Aronson, La era de la propaganda. Uso y abuso de la la persuasión, Paidós, Buenos Aires, 1994.

[39] Anthony Pratkanis y Elliot Aronson, op. cit., p. 28

[40] ibid., p. 190

[41] Sin embargo, al consultar el documento en donde L. W. Doob estudia y sintetiza el diario de Josep Goebbels, se reveló que Doob aísla 19 principios que no coinciden necesariamente con éstos 11. Cfr. Leonard W. Doob, “Goebbels’ Principles of Propaganda”, The Public Opinion Quarterly, Princeton University Press, N. J., Fall, 1950. En español se puede consultar en Miguel de Moragas, Sociología de la comunicación de masas, Gustavo Gili, Barcelona, 1982.

[42] Cátedra UNESCO de la Universidad de Málaga, España, http://www.infoamerica.org/teoria/goebbels1.htm . La fuente no cita quién es el autor de su redacción.

[43] Adolfo Hitler, Mi lucha, Ed. Diana, México, 1953, cf. cap. “Propaganda guerrera”, pp. 68-72. Libelo que trata, en gran medida, de la educación como instrumento del biopoder: “Este género de educación necesita desembarazarse de la idea de que el manejo del cuerpo de cada cual es un negocio reservado exculsivamente al individuo. Nadie debe tener derecho a pecar a expensas de la posteridad, es decir, de la raza.”, p. 98.

[44] Beatriz Preciado, Testo yonqui, Espasa, Madrid, 2008, p. 36.

[45] Ibidem.

[46] Ibid., p. 181

[47] Al punto que la pieza que presenta Teresa Margolles, en el pabellón de México y que es curada por Cuauhtémoc Medina, en la Bienal de Venecia 2009 lleva por título “¿De qué otra cosa podemos hablar?”.

[48] Ibidem

[49] Lourdes Morales, “El juicio contra Cantos cívicos”, http://cantoscivicos.blogspot.com/search?q=lingua+franca

[50] Cf. David Halperin, San Foucault. Para una hagiografía gay, Cuadernos de Litoral, México, 2000. En particular el capítulo II. “La política queer de Michel Foucault”.

[51] Beatriz Preciado, Testo yonqui, op. cit., p. 92

[52] Beatriz Preciado, Testo yonqui, op. cit., p. 95

[53] François Lyotard, La condition postmoderne, Les éditions de minuit, París, 1979, pp. 69-78.

[54] S. Freud, “¿Pueden los legos ejercer el análisis?”, Obras completas, Amorrortu, vol. XX, p. 222

[55] Isabel Turrent, Periódico Reforma, 15 de febrero de 2009.

[56] David Grossman, Véase: amor, Tusquets, Barcelona, 1993.

[57] ¿Es posible olvidar, y a la vez evitar la repetición? Esa es una apuesta central de cada psicoanálisis, pues los traumas se repiten, se reviven de mil formas y estropean la existencia de quien lo sufre. Pero puede no ser así en la medida en que se despliegue la estructura del trauma, se analice, y entonces su carga de afecto sea elaborada a través de las palabras. Este movimiento replantea la situación de alguien ante el trauma, que eventualmente llega a ser sólo una vivencia más y la repetición se desvanece, tanto por tal cambio de posición del hablante como por la exposición de la estructura.

[58] « Le temps logique et l’assertion de certitude anticipée » publicado en 1945 en Cahiers d’art, 1940-1944 pp 32-42. La primera versión fue parcialmente modificada respecto de la aparecida en los Ecrits en 1966. Aquí citamos la versión original en un traducción nuestra. Se puede consultar en Pas-tout Lacan, en el sitio de la École lacanienne de psychanalyse, www.ecole-lacanienne.net

[59] Simon Laks, Mélodies d’Auschwitz, Éditions du Cerf, París, 1991, p.116. La traducción es nuestra, las itálicas son Simon Laks.

[60] Picco della Mirandola, De la dignidad del hombre, Editora Nacional, Madrid, 1984, p. 105

[61] Picco della Mirandola, De la dignidad del hombre, Editora Nacional, Madrid, 1984, p. 134.

[62] Ibid., p. 135

[63] Ibid., p. 138

[64] Jean Paul Sartre, El existencialismo es un humanismo, Martin Heidegger, Carta sobre el humanismo, Ediciones Peña Hermanos, México, D.F.1998, pp. 12-13.

[65] Adolfo Hitler, Mi lucha, Ed. Diana, México, 1963, pp. 40-41

[66] Michel Foucault, Dits et écrits, op. cit., vol. I, pp. 544-546.

[67] Michel Foucault, Dits et écrits, op. cit., vol. II, pp. 1485-1486. En México, Las palabras y las cosas se publicó en siglo XXI en el año de 1968, ¿cómo es posible que más de 40 años después todavía estemos hundidos en ese charco moralizador y de confusiones intelectuales? Por ejemplo, el número de marzo de 2009 de Letras libres “Si no hay Dios”, quiere ignorar por completo tanto la solidaridad que Pico estableción entre Dios y el hombre, así como la precisa consecuencia que Foucault extrajo: al morir Dios, murió también el hombre. Cfr. M. Foucault., op. cit., vol. I, p. 570.

[68] Seminario III. Las Psicosis, p. 350.

[69] Jacques Lacan, Journées de l’École freudienne de Paris : « Les mathèmes de la psychanalyse ». Paru dans les Lettres de l’École, 1977, n° 21, pp. 471-475.

 

[70] Email que se puede leer en el blog de Cantos cívicos: http://cantoscivicos.blogspot.com/2009_02_01_archive.html

[71] Theodor Adorno, Max Horkheimer, La dialéctia de la Ilustración, p. 81, (variante del año 1944) Editorial Trotta, Madrid, 2004.

[72] E incluso antes, si se siguen los datos de Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo, Cap. I, “La concentración de la producción y los monopolios”, consultado en http://www.marx2mao.com/M2M(SP)/Lenin(SP)/IMP16s.html#p2s1

[73] Al respecto, hacia el final de su vida, Miltron Friedman declaró que había cambiado su posición y que ahora pensaba que había que eliminar la regulación en contra de los monopolios. Cf.  Milton Friedman, “El impulso suicida de la comunidad empresarial”, http://www.liberalismo.org/articulo/291/117/impulso/suicida/comunidad/empresarial/

[74] Citado en Hofstadter, Richard, Social Darwinism in American Thought, George Braziller; New York, 1959, pag. 45. Theodor Roosvelt se opuso a John D. Rockefeller al lanzar la ley Anti-trust, para evitar los monopolios.

[75] Cf. Georges Bataille, Nietzsche, voluntad de suerte, Taurus, Madrid, 1979.

[76] El Volkswagen sedán, ese querido y tan mexicanizado automóvil, fue un proyecto impulsado por Adolf Hitler como el “auto del pueblo” que iba a ser manufacturado por la fábrica propiedad de Porsche. De esa fábrica Hitler puso la piedra inaugural. Today [1965] the factory is manned by free men; in World War II, two thirds of its workers were slaves. [...] The labor force increased more than 600 percent, from 2732 in 1939 to 17,365 in 1994; the vast majority were foreign prisoners. Some were Russian and Polish prisoners of war; most were forced laborers from France, Belgium and Holland, and a few were court-martialled German soldiers sentenced to work at the plant. While treatment of the prisoners at Wolfsburg appears to have been better than elsewhere in Nazi Germany, it is a fact that many of those who arrived there were half-starved. ...Porsche designed a succession of tanks and other military vehicles , for which he was lavishly honored by the Third Reich.” Nelson, Walter Henry, Small Wonder: The Amazing Story of the Volkswagen, Little, Brown and Company (1968), pp. 77 y sigs.

[77] “Desde 1925 y hasta 1951, Bayer se convirtió en parte de IG Farben, un conglomerado de las industrias químicas alemanas que formaron la base financiera del régimen nazi. IG Farben poseyó el 42.5% de la compañía, que desarrollo Zyklon B, un producto químico usado en los compartimientos del gas de Auschwitz.” http://es.wikipedia.org/wiki/Bayer, consultado el 29 de marzo de 2009.

[78] Wikipedia, “Jabón hecho de cadáveres humanos”, consultado el 29 de marzo de 2009.

http://es.wikipedia.org/wiki/Jab%C3%B3n_hecho_de_cad%C3%A1veres_humanos.

[79] Georg Lukács, Historia y conciencia de clase, Grijalvo, México, 1969, p. 95

[80] Ibidem.

[81] Enrique Krauze, “Cantos nazis”, Periódico Reforma, 8 de febrero de 2009.

[82] Si algún libro tuvo influencia en la escritura de Mein Kampf fue The International Jew. The World’s Foremost Problem, escrito por Henry Ford, quien recibiera en 1938 la máxima condecoración otorgada por los nazis. Según Michael Dobbs, Hitler afirmó que Henry Ford era “su inspiración” y tenía un retrato del magnate americano colgado en su oficina. Los vínculos entre el nazismo y las dos grandes compañías automotrices, Ford y General Motors han sido ampliamente documentadas. http://www.washingtonpost.com/wp-srv/national/daily/nov98/nazicars30.htm

[83] Michel Foucaut, Naissance la biopolitique, p. 106.

[84] Ibid., p. 121

[85] Ibid., p. 120

[86] Cfr. Arnold Davidson, The Emergence of Sexuality, Harvard University Press, Massachusetts, 2002

[87] Michel Foucault, “Il faut défendre la societé”, Curso en el Collège de France, 1975-1976, Lección del 17 de marzo de 1976, Ed. Caronte Ensayos, La Plata, 1996.

[88] Michel Foucault, ibid., p. 211

[89] Cf. “Ratón de laboratorio” en Wikipedia, http://es.wikipedia.org/wiki/Rat%C3%B3n_de_laboratorio , consultado el 6 de abril de 2009.

[90] Michel Foucalult, ibid., p. 207

[91] Walter Benjamin, L’oeuvre d’art à l’époque de la reproductibilité technique, Editions Allia, París,  2006, p.75.

[92] Ibidem

[93] ibid., pp. 75-76

[94] ¿Qué importa que haya muchas voces que hablen en los medios masivos si el mensaje que transmiten es incesantemente el mismo que, como por azar, coincide con la visión oficial?

[95] Guy Debord, La societé du spectacle, Galllimard Folio, París, 1992.

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