febrero 24, 2009

ARTEFACTO.Vanto y Vanchi

LUNES 23 DE FEBRERO DE 2009

ARTE: la crítica de arte

desde su inauguración el pasado mes de noviembre, el Museo de Arte Contemporáneo (MUAC) en la Ciudad de México ha suscitado acalorados debates. Los argumentos, según he podido seguir, apuntan a la generalizada insatisfacción por la arquitectura y diseño de espacios interiores que realizó el arquitecto mexicano Teodoro González de León. También, y particularmente, han sido de especial atención las obras expuestas (pues la mayoría provienen de colecciones particulares/galerías comerciales).

Me gustaría detenerme, sin embargo, en una obra en particular.
Cantos Cívicos del mexicano Miguel Ventura ha acaparado insultos, alabanzas y atenciones diversas de varios sectores de la sociedad mexicana. La instalación, una mezcla de video, sonido, escultura, pintura, laboratorio y veterinaria, intenta poner de manifiesto las estrategias que grupos totalizadores utilizan para lograr sus fines. Estos fines se entienden como destructivos, represivos y complejos pues actúan de forma inconsciente activando una diversa nube de procesos sicológicos y afectivos.

Miguel Ventura explora esta idea a través de latrivialización del infame simbolo nazi, y a través del uso de imágenes de oficiales de la SS, de Hitler mismo así como de otras formas de socialización experimental, como las ochenta ratas de laboratorio que se entrenan, frente a los ojos del espectador, para conducirse dentro de un laberinto (que forma parte de la instalación) y por medio del cual las ratas activan una serie de imágenes y sonidos que complementan la obra. Los espectadores debemos, entonces, reflexionar sobre conceptos como liderazgo, obediencia, fascinación, conciencia, devenir animal...

La obra es, pues, una enorme ironía, un acercamiento a la lógica de la pervesión, una burla perfectamente trazada. Pero la crítica de arte, los comentarios oficiales de quienes no logran ver más allá de los hechos, no ha acogido con inteligencia la develación de esta instalación.

Avelina Lésper escribió para Laberinto, suplemento del diario Milenio, que el MUAC era 
a piece of shit, y partiendo de la obra de Ventura dijo "yo acuso a la UNAM, al MUAC, al rector José Narro, a Sealtiel Alatriste y Graciela de la Torre, de antisemitismo y racismo. Los acuso de usar el nombre de la universidad para fomentar el peor de los males de la humanidad, el odio irracional entre seres humanos." (Milenio, Sábado 17-Ene-09). Su argumento se basa en la nula referencia a las víctimas del holocausto en esta obra y en el constante uso de la simbología nazi (que, sin embargo, no intenta ser apología). Esto me hace preguntar: ¿es posible escribir sobre el crimen sin referirse a las víctimas? ¿dónde queda el albedrío del artista, entonces? Si bien es cierto que el Holocausto es una desgracia mundial, un hecho aterrador que no puede repetirse jamás, hay que ver más allá de los resultados y entender aquello que lo causó: se trata de desentrañar la pudredumbre; no basta con lamentarse por lo podrido. Ante esto, me parece un desatino descomunal el que Avelina Lésper haga acusaciones tan serias; es una idiotez argumentar que tal obra, por su naturaleza, fomenta cierto tipo de conductas o que sus patrocinadores son anti-semitas. Ya es conocido su desencanto por el arte contemporáneo y sus formas, y su amor por un purismo académico, desde dónde creo se alimentan sus críticas. A estas alturas ya no basta calificar o descalificar el arte contemporáneo. Hay que mostrar cuáles son las relaciones entre ese objeto artístico y su entorno social, cuál es su historicidad artística, qué tipo de diálogo pretende fomentar INDEPENDIENTEMENTE de la institución que lo legitime (ya sea el discurso oficial de los museos o de la bohemia remanente de los grupos post-Dada). Los espectadores no somos tontos, podemos pensar por nosotros mismos, podemos analizar el arte; los críticos deben (debemos) facilitar diálogos analíticos, vías de interpretación. Nuestras opiniones son particulares, cierto, y tienen algo de peso pero deben estar basadas en argumentos sustentados y no en reproches fuera de tono que no obedecen a la naturaleza del objeto mismo.

Teresa del Conde, otra crítica de arte mexicana, intentó hacer, con mayor esfuerzo, sentido de la obra: La cuestión de la vigilancia queda como un remanente, así sea subrepticio, en todos los trabajos de Ventura, de aquí su crítica a un orden institucionalizado y alienante, y de aquí también la retórica frenética del nacionalsocialismo (La Jornada, Martes 17-Feb-09). Su crítica fue más equilibrada en el sentido que presentó la intención del artista y la analizó a la par del objeto mismo. Escribió: "Es una obra provocadora que puede recordar ámbitos de feria popular primermundista o del imaginario high tech tipo Walt Disney. Para ingresar en ella, uno mismo se obliga a achicarse. Es así que se llega al ingreso donde se encuentra la advertencia que quizá se pasa por alto. Se enuncia que la abundancia de símbolos nazis manifiesta las imposturas de poder, advertencia que se hace a modo de medida precautoria precisamente destinada a contrarrestar la falsa idea, suscitada por la repetición simbólica incesante, de que se trata de una apología.(La Jornada, Martes 10-Feb-09).

Ya Enrique Krauze, reconocido historiador oficial de México, también lanzó su descalificación: "
Quiere demostrar que el nazismo es igual al neoliberalismo; quiere demostrar que son dos casos de totalitarismo en el siglo XX y hago tres criticas: una, ¿dónde están los 70 millones de muertos del holocausto?; dos, ¿cómo puede ser una supuesta critica al nazismo donde sólo aparecen cientos de fotografias de oficiales nazis sin ninguna alusión al holocausto?, y tres, quiere igualar al nazismo con el neoliberalismo pero... ¿de verdad son iguales? ¿en donde están las estadísticas del holocausto?; creo que es una farsa e indigno para estar en un recinto de la UNAM". (Reforma, Domingo 9-Feb-09).

Los comentarios de Naief Yehya en el diario Milenio, me aparecen esclaredecedores: "L
os furiosos defensores de la memoria histórica son paradójicamente merolicos totalitarios que no sólo quieren imponer su chata visión a la obra de un artista que no comprenden sino que además menosprecian a un público, al que imaginan estúpido e incapaz de entender que al burlarse del nazismo no se le está celebrando. Es precisamente la mistificación de la historia y la imposición de tabúes lo que enajena y despierta la fascinación por la inmoralidad de lo atroz." (Milenio, Sábado, 31-Ene-09).

Cantos Cívicos "...es en parte, un archivo invaluable de parafernalia Nazi; una colección de vestigios tangibles y sensibles del Nacional-Socialismo, que reúne desde álbumes fotográficos de soldados (cada uno tenía su camarita Brownie), cuentos para niños, canciones fotografías de familia, tarjetas postales, trofeos de cacería, cuadros bucólicos. Este archivo, nos aproxima al Nazismo, desde el lugar de la cultura de la banalidad del mal; es decir, la parte de la vida de los civiles (ciudadanos) alemanes (podríamos llamar a la expo también Cantos de los ciudadanos?), la cual engendró –y nosotros lo sabemos por la distancia histórica, al mal absoluto (como el negacionismo o la ceguera de la realidad de la exterminación en los campos de concentración). Al subrayar la parte de la banalidad del mal, Cantos cívicos desvela lo virtual de la actualización del mal absoluto: que postula (ojo, hay una inversión discursiva), no al Holocausto como lo impensable, sino al nacional-socialismo como un conjunto de valores, prácticas políticas, estéticas y formas sociales y que no son ajenas a las nuestras; a las que de hecho, el inconsciente colectivo aspira a identificarse: y esto, como lo impensable."(Lourdes Morales, Juicio Feb-09).

El debate continuará pues ha subrayado una serie de ideas que pesan en el mundo del arte: el de la representación y sus límites (en referencia al Holocausto), la naturaleza del arte contemporáneo (su función y su especificidad) y el de la función propia de los museos de la época actual en relación con las obras que alberga. Creo, a pesar de todo, que la instalación de Miguel Ventura es asombrosa: ella pesa, ella achica, ella asombra, ella confronta. Ese es el principal objetivo del arte de estos días, y quienes sean incapaces de dialogar con ella entonces recurrirán a descalificaciones, a discursos targiversados, a accesorizaciones que rayan en conflictos históricos que no ayudan a desentramar elser mismo del objeto artístico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario